Era la primera vez en mucho tiempo que pisaba la arena. Estaba fría de la noche anterior y pensé que mi mejor momento era ese: sentir el agua, la sal y los restos diminutos de conchas entre mis dedos.
De repente, Duna me sacó de mis pensamientos, corrió ladrando a una joven chica de ojos azules que estaba sentada en en la arena. La seguí tan rápido como pude, no quería que molestara a aquella tranquila joven.
Me miró con una expresión dulce y profunda mientras me decía que no me preocupara. Me senté a su lado y nos quedamos en silencio, no hacían falta palabras, las dos disfrutábamos ese maravilloso momento de paz.
Después de un buen rato, me levanté y me dispuse a volver a casa andando. Calella de Palafrugell no es muy grande, así que tardé poco en llegar. Mi marido estaba en el trabajo y mis dos hijos en el instituto. Me puse a hacer las las tareas de la casa con ese sólito vacío que últimamente me acompañaba a todas partes. El reloj marcó las 4, cogí mi bolso, cerré la puerta tras de mí y me dirigí al trabajo.
Al día siguiente, durante mi paseo matutino con Duna, no podía parar de pensar en aquella chica. Ella ya no estaba allí, ingenua de mí pensé que volvería a verla.
Según me acercaba al lugar donde nos encontramos el día anterior, pude atisbar un papel en el suelo. Me agaché y lo recogí. Llevaba mi nombre "María" y al darle la vuelta, ahí estaba, esa chica de mirada inolvidable. Cada vez me atraían más sus ojos y fue entonces cuando me di cuenta. Era el reflejo de mi misma, de esa voz interior que me gritaba que creyera más en mi.
Desde entonces, cada día al levantarme miro la imagen, quito el ruido y lucho por por hacer realidad esos deseos que esperan ser cumplidos.
JOANA.


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